¡Y tiene su cuerpo delgado y marcado!
¡Maldito! ¡Lo odio!
¿Tú conoces a alguien así?
También tengo una amiga (de hecho es una ex novia) que se llama Claudia. Ella se la pasa haciendo dieta tras dieta. Por ejemplo, ahorita se encuentra haciendo una dieta que se llama algo así como “La Dieta Mediterránea”. Ya lleva dos meses con ella, y la verdad, no veo que haya bajado nada de peso.
Ah! Y eso que también va al gimnasio casi diario para hacer “spinning” en una bicicleta estacionaria.
¿Por qué a la mayoría de las personas se les dificulta perder peso, mientras unos pocos tienen su cuerpo delgado sin importar cuánto coman y aunque no hagan ejercicio?
A veces pienso que no depende tanto de la cantidad de alimentos ni de la cantidad de ejercicio que se haga.
Y lo digo por esto:
Hace poco encontré a un ex compañero de escuela, al que no veía hace unos ocho años. En la escuela, él era muy gordo. No solamente lo que se llama “panzón” sino “gordo”. Es decir, tenía las famosas “llantitas”, la “papada” y los “cachetes”.
No por nada le decíamos “el gordo”. Y a él parecía no importarle. Se aguantaba las burlas y hasta el mismo se hacía burla.
Hace como un mes y medio tuvimos una reunión de ex alumnos y ahí lo vi después de 8 años de no saber nada de él.
¡Pero ahora era otro por completo, casi no lo reconocía!
Está flaco, delgado, marcado, se le notan los músculos. No son músculos súper grandes, sino músculos muy marcados.
¡Yo diría que tiene un porcentaje de grasa corporal de 10% o menos!
En cuanto pude me le acerqué y de inmediato le pregunté:
- “¿Qué dieta y ejercicios hiciste para bajar tanto de peso?”
- “No hice dieta, todavía me gusta mucho la comida. Tampoco hago ejercicio, qué flojera”
¡Aún no podía creerlo! Mi amigo había sido gordo toda su vida, y ahora estaba delgado y “marcado”!... Le pedí que por favor me contara más…
Y me contó lo siguiente:
Cuando salió de la escuela, había hecho la dieta baja en calorías, y bajó unos diez kilos, pero en cuanto dejó de hacerla, rebotó y subió trece kilos, quedó más gordo que cuando la empezó.
Después hizo lo siguiente: cenaba nada más un licuado, y hacía bicicleta en un parque como dos horas cada mañana, todos los días. “Fue un período difícil para mí, porque no me gusta para nada el ejercicio. Pero ni modo.” Y si bajó también como doce o trece kilos, aunque dice que se veía “delgado pero bofo”. Y de nuevo, en cuanto dejo de hacer bicicleta, empezó a subir poquito, se desmoralizó y dejo de cenar el licuado, y en tres meses… ¡ya había rebotado y estaba peor que cuando empezó!
Luego volvió a hacer la dieta baja en calorías, pero todo el tiempo traía hambre, y no aguantó. La dejó cuando llevaba apenas cuatro kilos abajo. Otra vez “rebotó” y quedó aun más gordo.
Fue entonces cuando hizo un viaje a Estados Unidos, a Las Vegas. En un hotel había una convención de gente que había bajado de peso. Eran bastantes personas, y en la entrada del hotel habían puesto fotos de esas personas “antes” (cuando estaban muy gordas) y “después” (ya con un cuerpo muy delgado).
Aunque no entró a la convención, le dieron un folleto explicativo del sistema que todas esas personas habían usado para bajar de peso.
En pocas palabras, lo que el folleto decía es que el cerebro controla a todo el cuerpo.
Y que todo lo que había que hacer es reprogramar al cerebro para que hiciera al cuerpo delgado y sano… Usando una especie de “hipnosis” pero más moderna y automática (con un programa de computación y viendo la pantalla de la computadora una hora al día).
Los resultados estaban a la vista, y tenían fotos y reportajes que les habían hecho en la TV de aquel país para comprobarlo.
- “¡Por fin!” Pensó mi amigo. “He dado con la solución a mi eterno problema de gordura”.
Sin embargo, no era así. El sistema que ellos usaban para reprogramar al cerebro estaba solamente en inglés. Se puso en contacto con ellos, y a través de un amigo que hablaba bien el inglés, les preguntó que cuándo lo iban a tener en español.
Le dijeron que iban a poner a un traductor y a uno de sus ingenieros de software a hacer los ajustes necesarios, y que ellos se comunicaban con él.
El casi les rogó que lo hicieran, diciéndoles que más que la apariencia física, lo que él buscaba era mejorar su salud.
Y así fue… como a los tres meses, le mandaron un email, diciéndole que ya lo tenían a la venta en un sitio de internet en español. Desde ese sitio él podría pagarlo y descargarlo de manera inmediata y segura para empezar a usarlo.
Este es el sitio: NeuroFlaco.com
Aunque eran las dos de la mañana cuando leyó el email, mi amigo de inmediato visitó el sitio de internet, casi ni leyó la descripción del programa (porque ya sabía de lo que se trataba) y lo descargó a su computadora.
Siguió el instructivo del programa (el instructivo y el programa se descargan juntos) y empezó a usarlo esa misma noche. Estuvo una hora viendo la pantalla.
En ese punto de su narración le pregunté:
- “¿Una hora viendo la pantalla como zombi?”
- “No, no,” me dijo. “Lo que pasa es que el programa le está pasando información al cerebro mientras tú trabajas en tu computadora o navegas por internet. Yo lo que hice esa primera noche fue ponerme a ver las últimas noticias, lo de las inundaciones y todo eso, y luego me puse a ver videos en youtube. La hora se me paso rápido, sin darme cuenta.”
Me siguió platicando que todo lo que noto es que empezó a mejorar su sistema digestivo, se sentía como más alerta y despierto, se despertaba un poco más temprano de lo normal, pero eso era todo.
Sin embargo, como a las tres semanas noto que tenía que ponerse el cinto más apretado… en el siguiente agujero.
Después, a los quince días, otro agujero más. Y luego otro y otro.
Y como al año de usar el programa, sin notarlo, había bajado 22 kilos.
Pero lo mejor fue que su porcentaje de grasa, que era de 27% (o sea muy gordo) había bajado a 10.1%
Esto significa que no sólo había perdido gran cantidad de grasa, sino que había ganado peso y masa muscular. Por eso su cuerpo ahora se estaba “delgado y definido” y no estaba “delgado pero bofo”.
Y así lleva ya más de tres años. Dice que ya ni se acuerda lo que es ser gordo. Siente que toda su vida ha sido delgado, pero él y yo –y todos nuestros conocidos- sabemos que no es así. Sabemos que antes él era muy gordo.
Pero no todo es perfecto. Lo malo de todo esto es que con ese nuevo cuerpo, empezó a llamar mucho la atención de las mujeres.
Le hablaban cuando iba por la calle caminando. O cuando iba al súper a hacer el mandado. Cuando iba con su esposa en las plazas comerciales, las mujeres le coqueteaban de manera descarada, se le quedaban viendo y le sonreían, en las narices de su señora.
- “Si eso pasa delante de mí, me imagino cuando andas solo”, le decía ella a él. Ella se enojaba y le hacía escenas de celos.
Un día que estaban peleados, mi amigo no resistió la tentación, y se fue a un motel con una muchacha de 19 años. Ella es modelo de una marca de teléfonos celulares, y la conoció en una plaza comercial.
El tiene 39 y ella 19, pero eso no le importó a ella. Porque con su cuerpo como lo tiene ahorita, mi amigo no representa la edad que tiene. Se ve mucho más joven y lleno de vitalidad.
Y según me platico él, eso lo convenció de divorciarse de su esposa. Al ver que podía tener muchas mujeres y más jóvenes casi sin esfuerzo, decidió vivir lo que no pudo vivir en su juventud cuando estaba gordo.
Lo malo es que en su matrimonio tuvo dos niñas y un niño, y pues ni modo, ellos son los que van a resentir...